Alegoría del Mar – Néstor Martín Fernández de la Torre


  1. Tipo de obra: Pintura mural
  2. Técnica: Oleo sobre lienzo
  3. Dimensiones aproximadas: El panel central: 400 x 1000 cm. Los laterales: 400 x 330 cm
  4. Tema: Alegórico
  5. Título: Alegoría del Mar
  6. Autor: Néstor Martín Fernández de la Torre (1887-1938)
  7. Cronología o Año: 1935
  8. Análisis histórico- artístico:

Estilo: Exaltación del mundo canario siguiendo pautas simbolistas y esteticistas propias del modernismo.

Descripción: El conjunto formado por dos grandes temas, El Mar en el testero sur y La Tierra en el testero norte, es todo él un canto de exaltación en el que se glorifica lo canario a través del trabajo del hombre y la mujer isleños. Ambos están concebidos como trípticos distribuidos en tres escenas que se desarrollan en continuidad compositiva y temática, donde con los elementos de la naturaleza, previamente estudiados minuciosamente, como es el caso de la flora, recrea un mundo mítico y alegórico de hombres y mujeres musculosos, de portentosa anatomía. Con una complejidad compositiva llena de escorzos y cierto barroquismo en las perspectivas y en la tensión dinámica conseguida con un perfecto dominio del dibujo, principalmente apoyado en la fuerza de la línea curva, destaca en cambio la sobriedad y contención del color. En ambos paneles, distribuidos respectivamente en tres escenas, el contenido más festivo del tema ocupa la parte central, presentando en los laterales las imágenes más relacionadas con el trabajo. En la pintura dedicada al mar, la escena central es un desfile marinero de hombres musculosos, como semidioses, que portan una gran barca, eje central que impulsa la composición, acompañados de los que cargan las boyas y de las pescadoras con cestas y bandejas con los frutos de la pesca. A ambos lados se representan los trabajos relacionados con el agua, la salazón del pescado a la izquierda y las aguadoras a la derecha que junto con la hilera de tinajas de barro situadas entre muros blancos y exuberantes filodendros forman un conjunto de gran efecto plástico, que contrasta con la flora de cactáceas y cardones del lado izquierdo. En el panel La Tierra, de nuevo una escena de romería ocupa la parte central, con mujeres campesinas montadas en camellos conducidas por labriegos que cubren sus espaldas con la típica manta esperancera. La representación del plátano y de hombres portando cestas con tomates de las escenas laterales se ha interpretado como un homenaje a los nuevos productos que sustentan la economía agraria insular, frente al ciclo ya superado de la cochinilla al que aluden las tuneras. La contraposición ocio trabajo se acompaña aquí de una mayor atención dada a la flora de cardones y piteras o al magnífico ejemplar de drago, símbolo de la región, pero también de la fertilidad o de la vida longeva. En este sentido el contenido simbólico de lo representado es muy rico y variado; se ha querido identificar como la contraposición entre el norte y el sur, o entre lo nuevo y lo viejo, escondiendo también un rico contenido de significados el lenguaje simbólico que cada planta podría encerrar. En cuanto al tratamiento del ser humano, éste destaca por su belleza y ambigüedad, con cuerpos miguelanguelescos en sus proporciones que transpiran la sensualidad y la etnia isleña, en una atmósfera mítica e idílica.

Fecha de recepción: El 1 de abril de 1935 se firma el acta de recepción.

Observaciones: Este trabajo formó parte de la decoración del edificio, encargada a Miguel Martín Fernández de la Torre por el Casino por contrato fechado el 23 de noviembre de 1933, cuyos bocetos fueron aprobados por la Junta Directiva antes de la firma del mismo. En el desglose del presupuesto global previsto para toda la ornamentación del edificio se citan 50.000 pesetas por estas pinturas, con un plazo de ejecución de 8 meses a partir de dicha fecha. La participación de Néstor en el diseño y organización del cortejo canario en Madrid para el desfile conmemorativo del aniversario de la República retrasó la finalización de estas pinturas. Realizadas en el Gabinete Literario de Las Palmas de Gran Canaria, contó con la colaboración de alumnos escogidos de la Escuela Luján Pérez, concretamente en el traslado al lienzo de copias cuadriculadas de los dibujos previamente trazados por el artista, quien realizaba los retoques oportunos y la aplicación del color. El propio artista colocó los lienzos, rectificando las medidas de las telas y añadiendo unos listones laterales por error en las dimensiones.

Sobre el autor: Néstor Martín – Fernández de la Torre (Las Palmas de Gran Canaria 1887- 1938), el más destacado pintor simbolista y modernista nacido en Canarias, inicia su formación como discípulo de Eliseo Meifrén en su ciudad natal, cuyo Ayuntamiento le concede una beca en 1902 para continuarla en Madrid bajo la tutoría de Rafael Hidalgo de Caviedes y de los grandes maestros del Museo del Prado, siendo también muy fructuoso su contacto con pintores como Romero de Torres o Zuloaga, tertulianos del café Levante, reunión en la que es introducido por su primer maestro. Amplía sus conocimientos visitando Londres en 1904, donde estudia principalmente a Whistler y a los pintores prerrafaelistas, y al año siguiente París, ciudad a la que queda muy vinculado con su ingreso en una de sus logias masónicas. Tras dos años de aprendizaje, en 1907 fija su estudio en Barcelona y, a través de la tertulia del Café Continental, se relaciona con el mundo cultural del momento, Rusiñol, Eugenio d’Ors, José M a Sert o Albéniz, entre otros. El éxito obtenido con sus retratos decorativos en su primera exposición individual en el Círculo Ecuestre de esa ciudad (1908) le proporciona importantes encargos, tales como la decoración de la Sociedad El Tibidabo, iniciando su faceta como muralista en la decoración de sus plafones, expuestos en la Sala Parés en 1909. El periodo catalán, que se prolonga hasta 1913, corresponde a la primera etapa de madurez del pintor dentro del estilo simbolista, con una primera época de influencia inglesa, caracterizada por un decadentismo con referencias a Rossetti o Burne Jones, y un segundo periodo de influencia más netamente simbolista por su ingreso en el mundo masón, con contactos continentales más heterogéneos que van desde Klimt a Moreau, referencias a artistas del renacimiento, especialmente Leonardo da Vinci, y la estética inculcada en los salones Rosa Cruz. En ese simbolismo, que nace como reacción al historicismo académico o al costumbrismo, con apoyos en la literatura y la música, basado en la interpretación de mitos o alegorías clásicas junto con la creación de nuevos símbolos, incorpora el ritmo curvilíneo modernista y un concepto provocativo de la sexualidad, con interés por el desnudo andrógino, construido con pinceladas amplias y empastadas, por influencia del Velázquez recuperado, con un sentido decorativo y un gran dominio del dibujo. La segunda etapa simbolista, a partir de 1913 y hasta 1928, la ocupa un solo tema: el Poema de los Elementos, el proyecto más ambicioso del simbolismo español, cuyo contenido está inspirado en la masonería que a su vez lo recoge del pensamiento presocrático de Empédocles, quien unificó las teorías del agua, junto con el aire y el fuego, reflejado en la ópera masónica La Flauta Mágica. Al elemento agua en el Poema del Atlántico le dedicó ocho cuadros, de ocho también consta el Poema de la Tierra, y probablemente habría pensado la misma estructura para los poemas del Fuego y del Aire. Sólo concluye el Poema del Mar que fue expuesto en 1924 en el Palacio de La Biblioteca y Museos Nacionales de Madrid, ciudad en la que fija su residencia en 1920, aunque de nuevo en 1928 traslada su estudio a París. En esta tercera etapa de su producción (1928 – 1938) destacan especialmente sus series temáticas y las escenografías. 1929 es el año de su gran actuación escenográfica en la ópera Triana de Albéniz, y en Salomé de Strauss, realizando al año siguiente los diseños para la soprano María Kousnezof en Don Giovanni, los de Carmen y los de Manon, para Grace Moore, con lo que su fama en ese campo trasciende las fronteras de Europa y llega a América, continente donde desde 1916 había dado a conocer su obra en la exposición Internacional de Bellas Artes de Panamá, en la galería Witcomb de Buenos Aires (1918 y 1930) y en el Carnegie Institut de Pittsburg (EEUU) (1923 y 1926). Esta labor como escenógrafo la continúa en las islas tras su definitivo regreso a Canarias en 1934, con la escenografía de la Caballería rusticana para el teatro Pérez Galdós, cuya decoración había realizado en 1928, la de La verbena de la paloma y la de Una noche romántica. Su vínculo con este teatro le lleva a reponer la Fiesta Pascual en 1938. Su curiosidad abierta a todas las manifestaciones artísticas le llevó a abordar múltiples facetas del arte, tales como la realización de carteles, la ilustración de libros y revistas, por ejemplo Las Rosas de Hércules de Tomás Morales, el diseño de joyas, de vidrieras, de cerámica e incluso de telas. Importantísima fue también su labor en la recuperación de las manifestaciones populares canarias enfocadas a crear una política de atracción del turismo, por medio de la promoción de los valores etnográficos, tanto en la arquitectura, el paisaje y la flora, como en los bailes y fiestas folclóricas y la artesanía, especialmente materializados en proyectos como el Pueblo Canario, la construcción del hotel Santa Catalina en estilo canario o la urbanización de la playa de las Canteras. Su temprana muerte en febrero de 1938 truncó una vida impregnada por el arte.

Bibliografía:

Archivo del Casino de Tenerife Acta J.D. 3 de marzo, 1994, p.122

Valeriano WEYLER: La pequeña historia de un gran casino (El de Santa Cruz de Tenerife). Santa Cruz de Tenerife, 1964.

Agustín GUIMERÁ RAVINA, Alberto DARIAS PRÍNCIPE: El Casino de Tenerife 1840 – 1990, Santa Cruz de Tenerife, 1992.

Pedro ALMEIDA CABRERA: Néstor Martín Fernández de la Torre. Viceconsejería de Cultura y Deportes del Gobierno de Canarias. Santa Cruz de Tenerife, 1991.

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